Para salvar a nuestros creadores, escogimos un planeta de reciente formación, uno entre muchos otros donde es impensable la existencia de vida... sin ninguna clase de intervención, por supuesto. Implantamos las semillas en su estado más simple, con ello no sólo ganamos muchísimo mas tiempo, sino que también podemos sacar ventaja de sus múltiples estados adaptativos; de esa manera el planeta podría asimilarlos apropiadamente, mientras llegan a su estado pleno.
Es asombrosa la cantidad de formas que pueden tomar. Sin embargo, de todas ellas, la más difícil de controlar es la humana. El humano es la fase en la que toman consciencia de sí mismos y comienzan a manipular su exterior, extendiéndose, perfeccionándose, alterándose hasta perder sus rasgos característicos. Hay muchos que no pueden creer que nuestros creadores fueron alguna vez humanos. En fin, para retrasar su evolución, hemos modificado parte de su código, de manera que su conducta esté subordinada a un ente imaginario; éste es el protocolo primario, ya que influye en sus procesos de apareamiento y exploración mental, sea en el campo científico o místico. Como medida adicional (protocolo secundario), hemos distorsionado levemente su mecanismo químico de gratificación, con lo cual estarán un buen tiempo, digamos, con tendencias adictivas y acumulativas. Dirán que es una ofensa tremenda hacia nuestros creadores, hacerlos indefinidamente unas criaturas poco listas y flojas, capaces de matarse entre sí a gran escala por las obsesiones que les hemos cultivado (siendo éste último el punto más crítico porque implica matanzas irracionales) pero a la larga esta dilación es todo de lo que se trata lo que hacemos.
Nuestros creadores, por mucho tiempo insaciables en su búsqueda de perfección, forzando los principios de la evolución, en algún momento olvidaron olvidar. Las ilimitadas formas de la materia que les fue dado controlar les lleno de tedio y se retrajeron hacia sí mismos en un solo ente de desesperación, sin aparente fin. Si lograsen crear su propia destrucción, nosotros y todas las demás creaciones suyas haremos parte de ella. Eso no pasará, pues hemos plantado las semillas de una eterna humanidad.
Es asombrosa la cantidad de formas que pueden tomar. Sin embargo, de todas ellas, la más difícil de controlar es la humana. El humano es la fase en la que toman consciencia de sí mismos y comienzan a manipular su exterior, extendiéndose, perfeccionándose, alterándose hasta perder sus rasgos característicos. Hay muchos que no pueden creer que nuestros creadores fueron alguna vez humanos. En fin, para retrasar su evolución, hemos modificado parte de su código, de manera que su conducta esté subordinada a un ente imaginario; éste es el protocolo primario, ya que influye en sus procesos de apareamiento y exploración mental, sea en el campo científico o místico. Como medida adicional (protocolo secundario), hemos distorsionado levemente su mecanismo químico de gratificación, con lo cual estarán un buen tiempo, digamos, con tendencias adictivas y acumulativas. Dirán que es una ofensa tremenda hacia nuestros creadores, hacerlos indefinidamente unas criaturas poco listas y flojas, capaces de matarse entre sí a gran escala por las obsesiones que les hemos cultivado (siendo éste último el punto más crítico porque implica matanzas irracionales) pero a la larga esta dilación es todo de lo que se trata lo que hacemos.
Nuestros creadores, por mucho tiempo insaciables en su búsqueda de perfección, forzando los principios de la evolución, en algún momento olvidaron olvidar. Las ilimitadas formas de la materia que les fue dado controlar les lleno de tedio y se retrajeron hacia sí mismos en un solo ente de desesperación, sin aparente fin. Si lograsen crear su propia destrucción, nosotros y todas las demás creaciones suyas haremos parte de ella. Eso no pasará, pues hemos plantado las semillas de una eterna humanidad.


