Fantastibulario

martes 10 de noviembre de 2009

Los dioses bajo control

Para salvar a nuestros creadores, escogimos un planeta de reciente formación, uno entre muchos otros donde es impensable la existencia de vida... sin ninguna clase de intervención, por supuesto. Implantamos las semillas en su estado más simple, con ello no sólo ganamos muchísimo mas tiempo, sino que también podemos sacar ventaja de sus múltiples estados adaptativos; de esa manera el planeta podría asimilarlos apropiadamente, mientras llegan a su estado pleno.

Es asombrosa la cantidad de formas que pueden tomar. Sin embargo, de todas ellas, la más difícil de controlar es la humana. El humano es la fase en la que toman consciencia de sí mismos y comienzan a manipular su exterior, extendiéndose, perfeccionándose, alterándose hasta perder sus rasgos característicos. Hay muchos que no pueden creer que nuestros creadores fueron alguna vez humanos. En fin, para retrasar su evolución, hemos modificado parte de su código, de manera que su conducta esté subordinada a un ente imaginario; éste es el protocolo primario, ya que influye en sus procesos de apareamiento y exploración mental, sea en el campo científico o místico. Como medida adicional (protocolo secundario), hemos distorsionado levemente su mecanismo químico de gratificación, con lo cual estarán un buen tiempo, digamos, con tendencias adictivas y acumulativas. Dirán que es una ofensa tremenda hacia nuestros creadores, hacerlos indefinidamente unas criaturas poco listas y flojas, capaces de matarse entre sí a gran escala por las obsesiones que les hemos cultivado (siendo éste último el punto más crítico porque implica matanzas irracionales) pero a la larga esta dilación es todo de lo que se trata lo que hacemos.

Nuestros creadores, por mucho tiempo insaciables en su búsqueda de perfección, forzando los principios de la evolución, en algún momento olvidaron olvidar. Las ilimitadas formas de la materia que les fue dado controlar les lleno de tedio y se retrajeron hacia sí mismos en un solo ente de desesperación, sin aparente fin. Si lograsen crear su propia destrucción, nosotros y todas las demás creaciones suyas haremos parte de ella. Eso no pasará, pues hemos plantado las semillas de una eterna humanidad.

martes 27 de octubre de 2009

Patente 390927 Techniodor

Los pocos teatros en el mundo que lograron ser acondicionados para el estreno de la primera película con la tecnología "techniodor" incorporada no parecerán estar demasiado abarrotados para la magnitud del evento. Es de esperarse: con el techniodor también comenzará la era de los tiquetes virtuales. Para evitar el problema de los re-vendendores y las subastas ilegales de boletos, la empresa encargada de la logística del evento se arriesgó a probar un sistema de "entrada individual" en el que el espectador reserva su tiquete por cualquier medio electrónico, pero éste sólo se hace efectivo el día de la función, cuando una máquina registradora escaneará su teléfono móvil para confirmar la identidad y así permitirle el acceso.

¿Tendrá el olor en una "cinta" la misma acogida que tuvo el color, varias décadas atrás? El ojo humano es un devorador de colores. Nos encanta que las cosas tengan color porque por más pésima que sea una combinación cromática, los colores siguen siendo inofensivos. Sabemos por experiencia que no todos los olores son bienvenidos por todos. "Por supuesto, no buscamos que los espectadores tengan que apreciar TODOS los olores de las películas. ¿Quién querría oler el sudor del héroe o el hedor de un cadáver?", dice Mark Kobayashi, encargado de los efectos "odoríferos" de "El Jardín Psicodélico", la cinta que aspira a atraer a los nuevos cinéfilos a las películas olfateables. "La idea es proporcionar al asistente una ligera sensación de realidad, sea la atmósfera de una gran ciudad o lo apacible del campo. Pero en El Jardín, el director ha querido aprovechar la riqueza imaginaria de la obra original para evocar un ambiente parecido al que daría, por ejemplo, visitar una tienda de perfumes... de un mundo desconocido, jeje", explica Kobayashi. De paso, muchas encuestas parecen sugerir que el público estaba más inclinado a ver. -y oler- una cinta como "Perfume: la historia de un asesino" (cinta del 2006, dirigida por Tom Tykwer).

En cuanto a las polémicas, tenemos las preocupaciones respecto al uso de la tecnología que permite apreciar el olor de una flor en una pantalla, técnicamente sin olerla. Se pensaba que los asistentes al teatro tendrían que recibir algún accesorio como aquellas gafas especiales que se usan para ver películas en 3D. En realidad, se trata de un complejo sistema subliminal que bombardea a través de la vista bombardea al cerebro con las señales olfativas correspondientes. Como si no fuera sorprendente aún, la computadora puede crear nuevos olores aleatorios o incluso ser programados por "perfumistas informáticos". El director, Salvador Valentierra, le ha apostado a las "flores de dimaksa", esas misteriosas flores que cobran vida en la famosa obra del escritor Lou Goubreé, para sacar el mayor provecho de la creatividad de estos nuevos perfumistas virtuales. La pregunta es: ¿será una buena apuesta para los que han invertido en esta premier? Eso sólo se sabrá después de este 17 de Diciembre tan esperado por muchos.

martes 20 de octubre de 2009

De la riqueza sensual


No había caído en cuenta en este hecho: la mujer es la realización de aquello que es agradable para todos los sentidos. Ahora entiendo por qué de todas las cosas que yo pudiera desear, es lo que más deseo.

La mujer suele estar siempre perfumada o al menos rara vez encuentra uno que a simple olfato apeste. El sudor de una mujer hermosa es estimulante. Una mujer recién bañada huele a frescura, a champú, a jabón, ropa lavada. Cuando ellas pasan a tu lado, a veces dejan una fragancia extraña y lo primero que deseas es acercarte a su cuello, despejar su cabello y oler hasta la caricia y el beso.

La apariencia de una mujer es lo que más regocijo causa. La miras en conjunto y te fijas inmediatamente en dos cosas: la estatura y la proporción corporal. ¡No, no! Estamos hablando de lo que es agradable. Bueno, entonces, comienzas a analizar a tu gusto. Pero sí, lo primero es la estatura, porque es aburrido perder el contacto visual con alguien demasiado alta o baja... especialmente alta, jeje. La proporción, pues eso: que lo que hay arriba sea más o menos lo que hay abajo, pero igual, lo que uno mira es sólo para recordar, no para juzgar. Luego miras su rostro, que haga juego con el corte de cabello, que no sea un aburrido rostro de revista (así sea un lindo rostro), que tenga peculiaridades como un lunar o algo así, pero lo más importante es que te produzca deseos de besar. Las manos, que sean delicadas como las de una princesa, pero que sus uñas no estén tan elaboradas que den la impresión de pertenecer a una inútil. Bueno, hay mujeres que se lastiman mucho trabajando, sobretodo con esa manía de lavar la ropa a mano, pero bueno, al menos que sean unas manos suaves... mejor dicho, que no parezcan las manos de un hombre. Sus senos... la forma de las areolas. Sus piernas, que se vean acariciables y no sean demasiado flacas que parezca que se van a romper ni tan gordas que hagan quedar en ridículo al trasero. ¡Ahh, las nalgas! ¿por qué es tan delicioso ver las posaderas femeninas? De cualquier modo, la belleza de las nalgas se aprecia en sus curvaturas y en el tamaño. Sí, cuando se trata del culo, el tamaño importa. Unas nalgas huesudas, cuadradas, estripadas... se aceptan amorosa pero no eróticamente. Un traserote descomunal tipo globos de fiesta de 5 años no da la sensación de ser... ergonómico. El caso es, mirar cada detalle del cuerpo de una mujer es algo que podría comparar con la apreciación de una pintura.

La voz de una mujer. Hay mujeres que tienen un ronquito muy sabroso pero si lo combinan con una forma demasiado burda o agresiva de hablar, como que no la apruebas del todo. Aunque es bonita una voz fina, si ésta da o parece dar un tono falsete o amanerado, pierde. Realmente el asunto es aquello de la forma de hablar: que no sea altanera, fresa, presuntuosa, puritana, demasiado tímida... Ahora, una voz grave también es hermosa, incluso si es falseada. Lo más bello e importante en la voz de una mujer es que cuando la escuches te de la inmediata impresión que proviene de una mujer joven.

El placer que emana del tacto de una mujer traspasa las fronteras de su ropa. No por nada existen los fetiches. Hacerle el amor a una mujer sin acariciarla con la ropa puesta, sentir la textura de cada prenda, leer el braile que se esconde en su ropa interior... eso es un simple y vulgar fornicar. Las piernas, las nalgas, los senos, los hombros y los brazos son el manjar para las manos. Para que decir más: la mujer es piel.

¿A qué sabe una mujer? Practicamente a nada. Acaso el placer que da a una lengua repasar el bello cuerpo de una mujer sea más bien táctil, aunque por supuesto, tenemos los estímulos orales. La caricia oral es la más íntima de todas, si no es la manera más completa de amar a una mujer, al menos es la más completa de tener sexo con ella. La boca, la vagina y el ano, que de paso son la materia prima de la pornografía, son zonas que quieres hacer tuyas; en cada pasada que le das con tu lengua le estás diciendo a ella con desespero que nunca te sacias de el deseo de estar... dentro de ella (¿alguna cosa edípica?), de mezclarte con ella hasta que la sientas en todo tu cuerpo y desintegrarse juntos en el caos... o supongo que en términos más mundanos, llegar al orgasmo.

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Lou Goubreé
La vida es un arte y un juego de estrategia. Busco el estado existencial perfecto.
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